
Nada de este camino sería posible sin mis grandes pilares. En mi vida personal y profesional, mi marido Ricardo es un sostén fundamental: una guía amorosa que me impulsa cada día a superar mis límites con contención, compromiso y respeto.
Y también está Alfi, mi perrhijo, que trae alegría y motivación a lo cotidiano. Con él descubrí una forma de amar que no había experimentado antes: simple, presente y profundamente genuina.
Los valores familiares que honro —sostén en el camino, responsabilidad, respeto en los vínculos— se complementan con la disciplina de las prácticas espirituales del Bhakti Yoga, que siento como un pilar esencial para el desarrollo personal. Creo en el trabajo interno constante para atravesar mis propias limitaciones y, desde esa experiencia real de aprendizaje y autosuperación, poder acompañar y sostener los procesos de quienes consultan.
Hay espacios que me nutren y me ordenan, y que también influyen en cómo acompaño:
Alquimia de plantas medicinales y elaboración de productos: me apasiona investigar el lenguaje de las plantas. Ese amor despertó en mí el deseo de crear productos de cuidado personal con conciencia, valorando todo lo que la Madre Tierra pone a disposición.
Tiempo de calidad, intimidad y conversación profunda: disfruto compartir con Ricardo —una película, un viaje, o una charla larga sobre Ayurveda y ciencias milenarias—. Ese intercambio me inspira y me devuelve sentido.
Sol, mar y aire libre: amo viajar y recorrer lugares nuevos, especialmente si hay playa. También disfruto salir a caminar con Alfi: ese momento diario al aire libre me llena de energía y vitalidad.
Además, valoro mucho compartir con mis hermanas y mi papá —refugio e inspiración—, y también mis momentos de autocuidado: yoga, skincare, una merienda rica, o simplemente descansar.
Entiendo la vida como un proceso de evolución constante. Mis aspiraciones no son un “llegar”, sino un modo de caminar:
Seguir formándome como terapeuta: perfeccionarme, incorporar nuevas herramientas y sostener procesos de sanación que integren lo físico y lo emocional.
Crear talleres y encuentros grupales: siento que el acompañamiento en grupo tiene una magia única: nos conecta con la empatía, el sostén y el trabajo en equipo, algo especialmente valioso en tiempos donde la soledad de las redes se siente cada vez más.
Formar terapeutas desde la experiencia directa: una de mis pasiones más profundas es la docencia. Me inspira transmitir y compartir el conocimiento a partir de la práctica real como terapeuta corporal. En la formación invito a los alumnos a experimentar cada técnica en primera persona, para que el aprendizaje impacte en todos los niveles: el físico y el sutil. Para mí, Ayurveda integra todos los aspectos del ser, y esa integración se vuelve verdadera cuando se encarna.
Transformar conocimiento en sabiduría (a través de la experiencia): la conclusión más clara de mi recorrido es que aprendemos de verdad cuando lo vivimos. Ahí el conocimiento deja de ser información y se vuelve experiencia viva.
Mi camino comienza con una necesidad profunda de ayudar a otros a conectar con su salud y bienestar desde un lugar holístico. Ese llamado interno me llevó primero a formarme como instructora de Yoga, pero con el tiempo sentí que mi aporte necesitaba ser más personalizado, más íntimo y verdaderamente individual.
Así llegué al Ayurveda y al maravilloso lenguaje de las terapias corporales. De la mano de los masajes, mi propósito cobró sentido: descubrí que a través de mis manos podía conectar con el cuerpo físico y sutil de las personas, aportando alivio y bienestar en distintos niveles.
Esto trajo mucho aprendizaje a mi vida personal: una nueva forma de comunicación a través del contacto, donde la vulnerabilidad se transforma en entrega. Para mí, el cuidado, el amor y el respeto son pilares para que esa “magia” ocurra de manera real, humana y profunda —sin exageraciones—, en un espacio seguro donde el cuerpo pueda soltar y el sistema pueda volver a equilibrarse.
A veces lo reprimido no desaparece: se transforma en tensión, pesadez, irritabilidad o cansancio emocional. Te acompaño a darle lugar a eso con cuidado y presencia.
Cuando el dolor se vuelve “normal”, algo pide escucha. El trabajo corporal puede ayudar a aflojar capas profundas de tensión y devolver alivio y movilidad.
Hay momentos donde no es solo estrés: es desconexión, saturación, falta de descanso real. Buscamos volver al eje con un abordaje integral, sensible y práctico.
Escucha inicial para comprender tu momento (cuerpo, emoción, energía) y definir el objetivo de la sesión.
Aplicación de la técnica indicada (aceites, calor, puntos marma y recursos ayurvédicos), combinando abordajes según necesidad.
Sugerencias simples de autocuidado para sostener resultados, y orientación sobre frecuencia ideal según tu caso
Duración: sesiones de 60 a 120 minutos, dependiendo de las técnicas que se combinen.
Gaiatri Ayurveda – Asociación Civil, Av. Córdoba 5594, CABA. También podés escribir por WhatsApp al +54 9 11 2459-4376.
Belén realiza terapias presenciales.
Si no hay una indicación específica de un profesional de la salud y el objetivo es vivir una experiencia de relajación y bienestar, una buena frecuencia es una sesión cada 3 semanas.
Si hay algo puntual para trabajar (dolor, tensión, bloqueo, procesos emocionales), lo ideal es evaluar el caso y armar un plan acorde a tus necesidades.
Podés reprogramar o cancelar con al menos 48 horas de anticipación desde el Panel de Turnos (el acceso llega en el mail de confirmación). Si preferís, también podés escribirnos por WhatsApp y te ayudamos.
No. El Ayurveda se propone como acompañamiento complementario y educativo. Si tenés diagnóstico, medicación o estás en tratamiento, lo ideal es sostener el seguimiento con tu profesional de salud.
